Frase

Conoce el santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, en México.


Cada año millones de personas acuden a rezar a María, la Madre "que nos lleva en su regazo", Ella también nos dice hoy: "No se perturbe tu corazón, no temas".

jueves, 16 de mayo de 2019

- María toma las flores y las coloca en la tilma

LA SEÑAL PERFECTA QUE OFRECE SANTA MARÍA DE GUADALUPE
Santa María de Guadalupe dispuso que fueran flores la señal para el obispo, una señal totalmente adecuada para la mentalidad indígena, una señal por demás coherente dada la gran importancia de este signo que manifestaba la verdad.
La Santísima Virgen María, al tomar con sus propias manos las flores y al arreglarlas y colocarlas directamente en la tilma de Juan Diego, realizó un signo de gran acercamiento con el ser humano en lo físico, en lo moral y en lo espiritual; así mismo, este gesto significaba que la Madre de Dios acomoda la verdad en el interior de la persona humana; es Ella quien dispone, organiza y armoniza la verdad dentro de nuestro ser
La Virgen María nuevamente se manifestó como la que arraiga el Evangelio en la cultura de una forma asombrosa. Si analizamos las veces en que los indígenas más importantes en el gobierno, en la milicia, en el sacerdocio y en la vida cotidiana usaban el signo de las flores, nos sorprenderemos de constatar la grandísima importancia que tenían en la mentalidad indígena. Como por ejemplo, entre los indios, era un gran honor el ser mensajero portador de las flores que tenía que entregar a algún rey, incluso enemigo, como signo de paz o de verdad, para invitarlo a algún ceremonial o festejo.
  La Santísima Virgen María, al tomar con sus propias manos las flores, que significan la verdad; y al arreglarlas y colocarlas directamente en la tilma de Juan Diego, realizó un signo de gran acercamiento con el ser humano en lo físico, en lo moral y en lo espiritual; así mismo, este gesto significaba que la Madre de Dios acomoda la verdad en el interior de la persona humana; es Ella quien dispone, organiza y armoniza la verdad dentro de nuestro ser. Exactamente, como lo describía la antigua palabra, es decir, la sabiduría indígena, al saludar y describir la misión de alguien de venerable linaje, alguien noble, alguien con poder de guiar al pueblo: “Y escoges –decía la antigua palabra–, pones en orden todo lo que es valioso […] Los cuidas, los guardas; en su propio lugar los colocas, en su mismo refugio los pones, en donde están los ofreces. Porque pintas, coloreas, los libros, lo que se escribe, porque dispones el color negro, el rojo, el modelo, la medida, el ejemplo, el dechado, la pauta […] te das color. Nunca será olvidada, nunca se perderá tu fama, tu renombre.”
  Juan Diego cuando llega ante el obispo, le informa de todo lo que vio y contempló y cuando llega al final de su narración le pide el favor de tomar la señal que pidió: eran esas flores prodigiosas, en seguida caen al suelo las preciosas flores, que para el indígena, como decíamos, era una señal totalmente maravillosa, por la manera en la que él fue testigo de haberlas encontrado en un terreno muerto y en un tiempo en donde no se daban y en un clima que helaba; por lo que era un verdadero prodigio, y la señal era la más adecuada por el simbolismo que entre los indígenas existía en el fondo de su cultura religiosa; pero Santa María de Guadalupe también ofreció el complemento de la señal, que eran las flores: la estampación de la prodigiosa Imagen en la humilde tilma del indígena, ante los incrédulos ojos del obispo y de los que ahí se encontraban.
..Ahora sí se complementaba la señal, ya no eran solamente las flores sino que ahora se incluía la tilma y en ella la maravillosa imagen de la Virgen de Guadalupe; el obispo y los que estaban ahí sintieron una gran emoción, no podían creer lo que sus ojos contemplaban, una hermosísima Imagen de la Madre de Dios, la Señora del Cielo.
  La tilma que era del humilde laico Juan Diego, ahora le pertenecía al obispo, una tilma que quedó ennoblecida en una forma extraordinaria. Ahora bien, la tilma era símbolo de la persona; por lo tanto, el hecho de que la Virgen de Guadalupe hubiera elegido, como una parte integrante de la señal, el estamparse en la tilma de Juan Diego, significa que se plasmaba en la persona misma de este humilde indígena. Por ello, Juan Diego, el laico indígena humilde y fiel ahora es parte de la señal entregada al obispo, cabeza de la Iglesia; por lo tanto, el laico dentro de la Iglesia es señal de la presencia y de la entrega de Dios, por medio de su Madre, para el mundo entero.
  La imagen de Santa María de Guadalupe estampada en la humilde tilma de Juan Diego manifestaba una de las verdades más profundas y que conjuntaba todos los elementos que hemos señalado, ya que Ella, al presentarse como una mujer de piel morena, una mestiza, se identifica plenamente con la unidad que debe existir entre todos los seres humanos, tomando precisamente este color de piel, su mestizaje es el símbolo de la fraternidad que debe existir en y con todas las razas del mundo; en su rostro moreno estamos todos sus hijos, o como de hecho los indígenas se dirigían a sus pequeños hijos con toda ternura: “tú eres mi sangre, mi color, en ti está mi imagen, mi pintura”.
  Todos los seres humanos por Jesucristo somos hijos de María; Él es el centro del Acontecimiento Guadalupano, y quien, desde la cruz, nos da a su más preciado tesoro: su propia Madre, manifestación plena de su Amor. Por lo tanto, María está en nuestro ser, como Ella es parte íntima de nuestra vida, en la profundidad de nuestro ser, somos sus hijos, su sangre, su color; somos su propia imagen, su pintura.


sábado, 12 de enero de 2019

- La Jornada Mundial de la Juventud y San Juan Diego

¿Qué enseñanza tiene el vidente de la Virgen de Guadalupe para la JMJ Panamá 2019?
El vidente de la Virgen de Guadalupe, el indígena mexicano San Juan Diego, es uno de los ocho patronos de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Panamá 2019. ¿Qué enseñanza lleva para los jóvenes de hoy?
El P. Eduardo Chávez, canónigo de la Basílica de Guadalupe, destacó que el santo mexicano “es un indígena humilde, sencillo”. San Juan Diego, el santo indígena mexicano, sirve de modelo de lo que “todo joven tiene en este mundo que hacer: tener presente la voluntad de Dios, ser con esta fuerza, este animo también intercesor de la Iglesia y también intercesor del pueblo”, “para mí un joven tiene esa fortaleza de la proyección, de un sueño que se hace realidad”.
“Todas esas proyecciones de un mundo mejor, de algo más justo, más honesto, más verdadero, más transparente, está latente en el corazón de un verdadero joven”.
La Virgen de Guadalupe se le apareció al indígena San Juan Diego entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531, y le pidió que interceda ante el primer Obispo de México, el franciscano Fray Juan de Zumárraga, para que se construya un templo en el llano al pie del cerro del Tepeyac.
Como prueba de la veracidad de la aparición, la Virgen María le encargó al indígena que lleve las flores de un rosal aparecido milagrosamente en el árido Tepeyac. Cuando San Juan Diego presentó las flores al Obispo, su tilma, la tela en la que las llevaba, quedó impregnada con la imagen de la Virgen de Guadalupe.
Si bien tenía entre 56 y 57 años al momento de la aparición de la Virgen de Guadalupe en el cerro del Tepeyac, al norte de la actual Ciudad de México, San Juan Diego tenía un candor, una honestidad y transparencia impresionante, dijo el P. Chávez, y subrayó que estos valores son los que “todo joven debe de tener. Esa transparencia, esa sencillez, ese espíritu de obediencia a los grandes valores, como era el caso de Juan Diego”.
El sacerdote mexicano destacó que San Juan Diego fue intercesor tanto de Santa María de Guadalupe como del Obispo de México Fray Juan de Zumárraga, “porque recordemos que el obispo pide a través de él una señal para poder creer todo”.
Además, dijo, “es un intercesor con su tío anciano”, que le pidió que le busque un sacerdote para prepararlo “a bien morir”.
También destacó que el santo indígena mexicano sirve de modelo de lo que “todo joven tiene en este mundo que hacer: tener presente la voluntad de Dios, ser con esta fuerza, este animo también intercesor de la Iglesia y también intercesor del pueblo”.
“Todo joven tiene en su interior esos valores. Quizás la manera de actuar de algunas instituciones, quizás la forma de percibir las tremendas corrupciones, injusticias, violencias, etc., eso desgarra en el fondo. Eso hace que el joven esté siempre con una sospecha de que no lo vayan a manipular o a jalar a cosas que él no quisiera en el fondo”, añadió. Sin embargo, precisó, “para mí un joven tiene esa fortaleza de la proyección, de un sueño que se hace realidad”.
“Todas esas proyecciones de un mundo mejor, de algo más justo, más honesto, más verdadero, más transparente, está latente en el corazón de un verdadero joven”.
“Cuando descubran los verdaderos valores religiosos, el verdadero valor de la familia, del ser humano, de ser hijos de Dios, créeme que yo he encontrado jóvenes con una fuerza y un dinamismo y un espíritu, es algo que arrastra”, aseguró.
El P. Chávez destacó además el modelo de la Virgen de Guadalupe para la juventud.
“La Virgen de Guadalupe, la Madre de Dios, tiene 15, 16 años. Estamos hablando de la Madre de Dios, sí, pero estamos hablando de la gran juventud de la Virgen María. Cuando ella está en la plenitud de su juventud dice: sí Señor, hágase en mí según tu Palabra”.

martes, 18 de diciembre de 2018

- Guadalupe en diciembre


Millones de personas celebran este 12 de diciembre el aniversario 487 de las apariciones de la Virgen María en el Tepeyac, y como cada año, la Guadalupana nos recuerda que, pese a las diferencias políticas y sociales, como pueblo mayoritariamente cristiano tenemos un patrimonio común: nuestra fe en Jesucristo y nuestra veneración a Ella.
Particularmente en este momento histórico, Santa María de Guadalupe nos dice, a través de su mensaje de amor, que es de su mano como podremos reconstruir el tejido social y encontrar la paz, dos anhelos que sólo pueden hacerse realidad mediante la colaboración de todos los que habitamos estas tierras, unidos en el encuentro con su hijo Jesucristo.
“México cristiano, corazón guadalupano”, es la frase que sintetiza la identidad de este noble pueblo que, por desgracia, ha conocido incontables episodios adversos como consecuencia del desprecio a los más altos valores evangélicos.
La profunda devoción del pueblo mexicano a la Virgen de Guadalupe, que se vio reflejada como todos los años en la asistencia masiva de peregrinos al Tepeyac, especialmente durante sus festividades, da cuenta de la fe viva de este pueblo que la Madre de Dios ha elegido como centro para mostrar a su Hijo a todas las naciones.
“Hijito mío, ¿no estoy yo aquí que soy tu madre? ¿No soy yo vida y salud? ¿No estás en mi regazo y corres por mi cuenta?”. Estas palabras de la Guadalupana siguen llenando de consuelo a millones de mexicanos que han perdido el rumbo en su vida, que ante múltiples circunstancias adversas encuentran la certeza de alguien que los ama.
Lo cierto es que las amenazas, incertidumbres y temores se desvanecen cuando contemplamos el rostro amoroso de la Guadalupana plasmado para siempre en la humilde tilma de un hombre bueno y generoso –como la mayoría de los mexicanos- que supo no ceder a la tentación de poner en duda el plan de Dios, y en lugar de eso atendió la voz del cielo para cambiar el destino de una nación.
Hoy la Virgen de Guadalupe nos llama, con la misma delicadeza con que se dirigió a San Juan Diego, a no olvidar que su Hijo está con nosotros, atento a nuestras necesidades y dispuesto a caminar de la mano, siempre y cuando tengamos la intención de dejarnos salvar por Él. Hoy, como hace 487 años, la Morenita habla a los mexicanos también con aquella insistencia con que interpeló a su mensajero, para pedirles que cumplan lo que Dios quiere de este pueblo: trabajo, honestidad, generosidad, compromiso social, y sobre todo, fidelidad al verdadero Dios por quien se vive.
Las fiestas guadalupanas nos ofrecen la oportunidad de trabajar en dos dimensiones fundamentales: lo religioso y lo social, a fin de dejar de lado las discordias, contemplarnos como hermanos y servir a México desde nuestros respectivos ámbitos. 
La Virgen de Guadalupe debe ser icono y paradigma para la nueva etapa política de nuestro país. Su acción conciliadora a través de Juan Diego para impulsar la unión de un pueblo naciente es un ejemplo vigente para encontrar un camino para todos, aún cuando existen profundas diferencias.
Hoy más que nunca, Guadalupe es un estandarte para encontrar la paz en una nación con muchas heridas, pero en la que Ella ha querido quedarse para siempre.



lunes, 10 de diciembre de 2018

- Guadalupe, actualidad del Mensaje


¿Cuál es el mensaje de la Virgen de Guadalupe para el mundo actual?


A 13 años de que se cumpla medio milenio de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, ¿cuál puede ser su mensaje e importancia para el mundo de hoy?
El P. Eduardo Chávez, uno de los mayores expertos en las apariciones de Santa María en el cerro del Tepeyac de Ciudad de México, destacó que el mensaje de la Virgen de Guadalupe es de “armonía de todos los pueblos en esta única civilización del amor de Dios” y señaló que la Virgen “hace esa perfecta inculturación” en medio del pueblo indígena, “tomando a Jesús y poniéndolo en lo más profundo del ser humano”.
El P. Eduardo Chávez destacó que la Virgen de Guadalupe tomó “las cosas buenas, positivas, esas semillas del Verbo que ya Dios sembró” en América, para luego “darles pleno desarrollo en su Hijo, Jesucristo”.“Siempre es Jesús el centro del acontecimiento guadalupano”, subrayó.
La Virgen de Guadalupe, añadió, “toma lo más pobre, como el hecho de ser mestiza, porque los mestizos en el tiempo de la Santísima Virgen de Guadalupe eran despreciados tanto por los españoles como los indígenas y buscaban en los basureros para ver qué comer”.
“Para nuestro mundo es muy importante en esta época todo lo que es el acontecimiento guadalupano, porque precisamente la Virgen de Guadalupe trae armonía, paz, justicia, amor, en una palabra: Jesucristo, Nuestro Señor, al mundo entero”.
“Y lo sigue trayendo como en aquel momento único y trascendente”, añadió.
Santa María, señaló, lleva a aquel hombre “que tiene violencia en su corazón, el hombre traidor, criminal, que desgraciadamente se destruye y destruye al ser humano y a este mundo”, y lo lleva a Jesucristo “para sanar, para salvar”.


- Más de 10 millones peregrinan a Guadalupe el 12 diciembre


La Fiesta de la Virgen de Guadalupe movilizó a más de 10,6 millones de personas hacia su santuario en Ciudad de México, donde se conserva la imagen original aparecida en la tilma de San Juan Diego hace casi 500 años.

De acuerdo al Gobierno de Ciudad de México, se reportó un “saldo blanco”, en referencia a la ausencia de muertes, “ante la llegada de 10 millones 603 mil peregrinos a la Basílica de Guadalupe en la capital del país, con motivo del festejo Guadalupano”.
La cifra de asistentes se registró entre el 9 y el 12 de diciembre, y fue superior a la de 2017, en que 7 millones 280 mil peregrinos visitaron la Basílica de Guadalupe para la fiesta de la Virgen.

La multitudinaria peregrinación, una de las más grandes del mundo, motivó el despliegue de más de 22 mil funcionarios públicos en el marco del operativo “Bienvenido Peregrino”.
Para la directora de Comunicación de la Arquidiócesis Primada de México, Marilú Esponda, la masiva afluencia a la Basílica de Guadalupe deja claro que “la fe de nuestro pueblo por su Madre está a flor de piel, está viva”.

Marilú Esponda destacó que el fervor popular se evidenció en las “muchísimas historias de personas que venían desde otros estados, desde muy lejos, cada uno con su propia historia, sus propias necesidades, manifestándole a la Virgen su agradecimiento o sus varias peticiones”. Esta devoción, destacó, “nos llena de esperanza en este momento en el que vivimos en nuestra sociedad”.
En su homilía por la Misa de las Rosas, al mediodía del 12 de diciembre, el Cardenal Primado de México, Carlos Aguiar, destacó que en la Virgen de Guadalupe “encontramos el apoyo, la protección, el cuidado y sobre todo el amor de una madre que nos conduce hacia su hijo, fuente de la sabiduría”.

- La Virgen que forjó una patria


..”en el Tepeyac (el cerro donde se apareció la Virgen de Guadalupe en México), se construyó el templo que la Virgen le pidiera al indio Juan Diego y muy pronto, allí acudieron gente de toda raza y condición social a postrarse ante la milagrosa imagen de Nuestra Señora de Guadalupe.
Al sentirse cobijados por el manto amoroso de una madre común, desaparecieron los recelos entre indígenas y españoles, gracias a lo cual ambas razas se fundieron dando origen a una nueva identidad. Y fue así como, en torno al Tepeyac y ante la mirada amorosa de la Virgen Morena, empezó a forjarse una nueva nación. Y fue así como Nuestra Señora de Guadalupe pasó a la historia de México por haberse convertido en la Virgen que forjó una patria, la nación Mexicana…”
Fue el 12 de diciembre de 1531 el día en que culminaron las Apariciones de la Virgen de Guadalupe, al estamparse la Sagrada Imagen de la Madre de Dios en la tilma del humilde San Juan Diego, y a partir de aquel 12 de diciembre empezó a forjarse la Nación Mexicana.
Apenas diez años antes Hernán Cortés había logrado someter al poderoso imperio azteca. Una de las primeras medidas tomadas por Hernán Cortés fue pedirle al Emperador Carlos V que enviase misioneros a estas tierras. El primer grupo de misioneros llegó el 13 de mayo de 1524 bajo las órdenes de Fray Martín de Valencia.
Aquellos humildes franciscanos empezaron a predicar el Evangelio. Detrás de ellos, en 1526, vendría un pequeño grupo de frailes dominicos. Incansable fue la labor de los primeros misioneros; mas sin embargo todos sus esfuerzos parecían destinados al fracaso debido a que entre los vencidos indígenas aún quedaban huellas de la derrota sufrida; huellas que les impedían abrirse a la Palabra de Dios que ellos les traían.
El caso es que entre aquellos misioneros empezó a cundir el desánimo. Daba la impresión de que estaban arando en el mar.
Padecieron el mismo desánimo que, quince siglos antes, había padecido el Apóstol Santiago al ver como los rudos iberos de la Hispania romana se mostraban reacios a escuchar el mensaje evangélico. Mas sin embargo aquel problema se resolvió de un modo inesperado: A orillas de río Ebro, en Zaragoza, y sobre un pilar la Virgen se apareció a Santiago infundiéndole ánimos. El Apóstol cobró un vigor inusitado, predicó el Evangelio con tal vehemencia que muy pronto -contando con la ayuda poderosa de la Reina del Cielo- las conversiones se dieron por millares.
Ante el desánimo sufrido por los misioneros españoles llegados a México, de repente ocurrió lo inesperado: La Virgen se apareció a uno de los de la raza indígena -a uno de los pobres y de los vencidos- para pedirle que allí mismo, en el Tepeyac, se levantara un templo en su honor. El humilde indígena Juan Diego se presenta ante el obispo de México, extiende su ayate y es entonces cuando aparece la celestial imagen de Nuestra Señora de Guadalupe.
Y al igual que había ocurrido en la Hispania pagana, lo mismo ocurrió en estas tierras de lagos, conventos, pirámides y volcanes. En cuanto se corre la voz y la gente tiene noticia del prodigio, algo les dice que está a punto de nacer un mundo nuevo.
Y, según testimonio de los cronistas, a partir de aquel momento, las conversiones se dieron de un modo multitudinario. En unos cuantos años, en el Tepeyac, se construyó el templo que la Virgen le pidiera a San Juan Diego y muy pronto allí acudieron gente de toda raza y condición social. Todo tipo de gente acudía a postrarse ante la milagrosa imagen de Nuestra Señora de Guadalupe.
Al sentirse cobijados por el manto amoroso de una madre común, desaparecieron los recelos entre indígenas y españoles, gracias a lo cual ambas razas se fundieron dando origen a una nueva identidad.
Y fue así como, en torno al Tepeyac y ante la mirada amorosa de la Virgen Morena, empezó a forjarse una nueva nación. Y fue así como Nuestra Señora de Guadalupe pasó a la historia de México por haberse convertido en la Virgen que forjó una patria.


domingo, 9 de diciembre de 2018

- Guadalupe, el templo más visitado de la cristiandad. ¿Cómo es posible?


El templo más visitado de la cristiandad no es ni la Basílica de San Pedro en el Vaticano, ni ninguna de las imponentes catedrales europeas que han marcado la historia de occidente. El primado corresponde a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, con unos veinte millones de peregrinos anuales, más del doble de visitantes que los santuarios marianos más conocidos.
La importancia de Guadalupe es tal que quien desconoce la historia de este templo y su mensaje no puede comprender la historia de México, e incluso del mismo continente americano. ¿Cómo es posible que haya sucedido algo así?
La historia comienza tras la conquista de México en 1521 cuando, diez años después, la misma Virgen María se apareció a uno de los primeros cristianos aztecas, el indígena Juan Diego, hoy declarado santo.
Fue a inicios del mes de diciembre de 1531 que Juan Diego escuchó por primera vez, en el cerro del Tepeyac, una voz que le llamaba por su nombre mientras iba de camino.
Al llegar a la cumbre del cerro vio a una Señora de una belleza sobrenatural, “vestida de sol”, quien le pidió construir un templo para “mostrar y prodigar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa a todos los moradores de esta tierra y a todos los que me invoquen y en mí confíen”.
Juan Diego fue a hablar con el obispo, Juan de Zumárraga pero éste no le creyó. Tras numerosas y a veces dramáticas dificultades que Juan Diego recibió, la Virgen se le volvió a aparecer el 12 de diciembre para pedirle que subiera a la cumbre del cerro, donde encontró un rosal en flor (más propio de Castilla que de México). Cortó tantas rosas como pudo y las recogió en su tilma, el manto típico de los indígenas, para llevárselas al obispo, a modo de prueba.
Al reunirse con Zumárraga, Juan Diego abrió la tilma para mostrarle las flores. Cuando las rosas cayeron al piso en la tilma estaba ya impresa la imagen de la Virgen de Guadalupe que hoy se venera en la Basílica.
Convencido, el obispo llevó la imagen a la Iglesia Mayor y construyó una ermita en el lugar que había señalado Juan Diego, donde posteriormente se construiría la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, construida entre 1695 y 1709.
Tras las apariciones de María, la evangelización de México, hasta ese momento muy complicada para los misioneros europeos, cambió radicalmente. En el rostro de María, impreso en la tilma, los mexicanos encontraron su identidad y consuelo en medio de los sufrimientos de la conquista. Es la faz de una joven mestiza, una anticipación, pues en aquel momento todavía no había mestizos de esa edad en México.
María mostraba así cómo asumía el dolor de miles de niños, los primeros de una nueva raza, rechazados entonces tanto por los indios como por los conquistadores.
El manto azul de la Virgen, salpicado de estrellas, es la “Tilma de Turquesa” con que se revestían los grandes señores aztecas, e indica la nobleza y la importancia del portador.
Los rayos del sol circundan totalmente a la Guadalupana como para indicar que ella es su aurora. Esta joven doncella mexicana está embarazada de pocos meses, así lo indican el lazo negro que ajusta su cintura, el ligero abultamiento debajo de éste y la intensidad de los resplandores solares que aumenta a la altura del vientre.
Su pie está apoyado sobre una luna negra, (símbolo del mal para los mexicanos) y el ángel que la sostiene con gesto severo, lleva abiertas sus alas de águila. De este modo, en la simbología indígena, la Virgen de Guadalupe se presentó ante sus hijos como la Madre del Creador y conservador de todo el universo; que viene a su pueblo porque quiere acogerlos a todos, indios y españoles, con un mismo amor de Madre.
En estos casi quinientos años de historia los mexicanos han sentido como dirigidas a su corazón las palabras que pronunció María de Guadalupe a Juan Diego: “¿No estoy aquí yo, que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy yo la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en donde se cruzan mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa?”.