Frase

Conoce el santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, en México.


Cada año millones de personas acuden a rezar a María, la Madre "que nos lleva en su regazo", Ella también nos dice hoy: "No se perturbe tu corazón, no temas".

lunes, 20 de marzo de 2017

- Guadalupe: Encuentro de Dios con los hombres

En medio de una cultura indígena tan religiosa, tan fuerte y tan profunda, y tomando en cuenta los antecedentes y el contexto en el momento en que se da el encuentro de Dios con los hombres, por medio de Santa María de Guadalupe, nos damos cuenta de la pureza teológica de este evento, que es un portento de inculturación del Evangelio a la mente indígena y, desde ahí, un fuerte llamado a la conversión universal del corazón.
La Virgen al parecerse a Juan Diego consigue que se detenga todo sacrificio humano, pero al hacerlo con tanta ternura y delicadeza, hablando a un humilde indio, capta el fondo del alma indígena de pretender ser responsables del equilibrio del universo, de pensar que ellos eran los responsables de alimentar a los dioses con lo más preciado: su propia vida; de pensar erróneamente que los corazones y la sangre de las víctimas mantenían la supervivencia de todo lo que existía, por lo tanto del mismo ser humano.
 En el Acontecimiento Guadalupano se toma lo bueno y positivo que realmente existía en el fondo del alma indígena, se purifica de los terribles errores, así como de la idolatría, y se conduce al ser humano a la plenitud en el único sacrificio de amor verdadero, el de Jesús en la cruz; el Hijo, se sacrifica una vez por todos y así nos redime del mal y la muerte.
  Vemos como el Acontecimiento Guadalupano es una extraordinaria inculturación y proclamación del Evangelio en un momento importante de la historia humana, y en un núcleo de culturas en donde Dios, por medio de la Virgen, cumple, sin humillar a sus enviados, los misioneros; y sin condenar a los indígenas que buscaban ser responsables del equilibrio del universo entero.
   Y si la misión evangelizadora de los primeros frailes llegados a México parecía del todo destinada al fracaso, después de las apariciones en el Tepeyac cambió radicalmente la situación misionera. En pocos años millones de indígenas pidieron a los misioneros españoles el bautismo cristiano. La Virgen lleva a término en México el acontecimiento más bello de la historia de la Iglesia.
  El Acontecimiento Guadalupano es el modelo de evangelización perfectamente inculturada como lo afirmó el recordado y amado San Juan Pablo II. En Santa María de Guadalupe se da este encuentro entre el verdadero Dios Padre y sus hijos; en Jesucristo se purifica la fe religiosa indígena llevándola a su máxima plenitud. Un pueblo con misión en el amor guiado por el Espíritu Santo; en otras palabras, no son los corazones y la sangre de los hombres derramada en la piedra de los sacrificios para, supuestamente, alimentar a la divinidad y procurar el equilibrio universal, sino que es el Hijo de Dios, el Dueño del cielo y de la tierra, quien se ha dado, se ha entregado, en sacrificio pleno en la cruz, es su sangre y su corazón que se ofrecen al ser humano para que tenga vida y la tenga en plenitud; es el verdaderísimo Dios por quien se vive quien se entrega totalmente por medio sus sacramentos, especialmente en la Eucaristía; es el Dueño del cielo y de la tierra quien, desde esa cruz de inmolación, nos ha entregado a su propia Madre como nuestra Madre, nos ha dado su máxima herencia: María, Madre de la Iglesia, Aquella que nos mira con misericordia y con tanto amor.

sábado, 4 de febrero de 2017

- Guadalupe, encuentro de misericordia

LA MISERICORDIA DE DIOS, EXPRESADA EN LA PRESENCIA DE LA VIRGEN DE GUADALUPE EN LA HISTORIA DE MÉXICO
El Papa Francisco, cuando visitó la Basílica de Guadalupe el 13 de febrero del año 2016 dijo: “María, la mujer del sí, también quiso visitar a los habitantes de estas tierras de América en la persona del indio San Juan Diego. Así como se movió por los caminos de Judea y Galilea, de la misma manera caminó al Tepeyac, con sus ropas, usando su lengua, para servir a esta gran Nación. Y, así como acompañó la gestación de Isabel, ha acompañado y acompaña la gestación de esta bendita tierra mexicana”.
Además Ella nos viene a traer a Jesucristo, que es la mayor muestra de misericordia que puede tener con los habitantes de estas tierras: “mucho quiero, mucho deseo que aquí me levanten mi casita sagrada. En donde lo mostraré [a Él], lo ensalzaré [a Él] al ponerlo de manifiesto". Y ella es la que mejor podía darnos a conocer a su Hijo: “Ninguno como María ha conocido la profundidad del misterio de Dios hecho hombre. Todo en su vida fue plasmado por la presencia de la misericordia hecha carne. La Madre del Crucificado Resucitado entró en el santuario de la misericordia divina porque participó íntimamente en el misterio de su amor”.
Otra expresión maravillosa de la misericordia es tener compasión, sin exclusión de nadie, saber escuchar al que sufre, y buscar el remedio a sus penalidades, pues bien, esto es precisamente lo que vino a hacer la Santísima Virgen en 1531, como Ella le dijo a San Juan Diego: “Yo en verdad soy vuestra madre compasiva, tuya y de todos los hombres que en esta tierra estáis en uno, y de las demás variadas estirpes de hombres, mis amadores, los que a mi clamen, los que me busquen, los que confíen en mí, porque ahí les es­cucharé su llanto, su tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores”.
Quisiera reflexionar sobre las actitudes de misericordia que se encuentran en el Nican Mopohua, escrito por el indígena Antonio Valeriano. La primera es que la Virgen María sale al encuentro del pueblo indígena, representado en San Juan Diego. El primer paso para practicar la misericordia es ir al encuentro del otro. Aquel que está encerrado en sí mismo, en sus propios intereses o problemas, no puede ejercitar la misericordia con el próximo.
Pero además se adapta al lenguaje y a la cultura del pueblo. Cuando se presenta dice ”yo soy la Perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del Verdaderísimo Dios por quien se vive, el creador de las personas, el dueño de la cercanía y de la inmediación, el dueño del cielo, el dueño de la tierra”. O sea, para hablar de Dios utiliza las mismas palabras que los sabios indígenas usaban para hablar del Dios supremo.
Dios la envía a Ella para traer esperanza, que es otra actitud fundamental de misericordia, y que tiene relevancia enorme en nuestros días, en que vemos tanta desesperación, tanto desaliento y falta de entusiasmo para luchar por enfrentar los problemas, lo decía el Papa Francisco en su visita a la Basílica: “En ese amanecer, en ese encuentro, Dios despertó la esperanza de su hijo Juan, la esperanza de un pueblo. En ese amanecer, Dios despertó y des­pierta la esperanza de los pequeños, de los sufrientes, de los desplazados y descartados, de todos aquellos que sienten que no tienen un lugar digno en estas tierras".
Otro aspecto de esa misericordia es ayudar a que el otro cumpla y realice su misión en esta vida. Y a Juan Diego, la Virgen le encomendaba una misión, y a pesar de las dificultades que expresó este indígena, María Santísima se sostiene en su elección. Esto lo señaló admirable­mente el Papa Francisco aquí en el Tepeyac “En ese amanecer, Juancito experimenta en su propia vida lo que es la esperanza, lo que es la misericordia de Dios. Él es elegido para supervisar, cuidar, custodiar e impulsar la construcción de este Santuario. En repetidas ocasiones le dijo a la Virgen que él no era la persona adecuada, al contrario, si quería llevar adelante esa obra tenía que elegir a otros, ya que él no era ilustrado, letrado o perteneciente al grupo de los que podrían hacerlo. María empecinada -con el empecinamiento que nace del corazón misericordioso del Padre- le dice: no, que él sería su embajador".
Juan Diego nos enseña también a vivir el servicio a los enfermos, e interesarnos no sólo por su salud corporal, sino también espiritual, como lo practicó con su tío Juan Bernardino. Incluso prefiere dar la vuelta al cerro, fallando a la cita con la Virgen, que para Juan Diego era sumamente importante, con tal de cumplir el deber de caridad de ayudar a su tío a bien morir.
Pero María le sale al encuentro en las faldas del Tepeyac y sin ninguna palabra de reproche por no haber acudido a la cita el día anterior, le comunica palabras de consuelo y aliento que son muy expresivas de esa misericordia de Dios que se manifiesta en María “Escucha, ponlo en tu corazón hijo mío el menor, que no es nada lo que te espantó, lo que te afligió, que no se perturbe tu rostro, tu corazón; no temas esta enfermedad, ni ninguna otra cosa punzante, aflictiva. ¿No estoy aquí, yo, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa? Que ninguna otra cosa te aflija, te perturbe; que no te apriete con pena la enfermedad de tu tío porque de ella no morirá por ahora. Ten por cierto que ya está bueno”. La curación de una enfermedad es una expresión privilegiada de la misericordia de Dios, que nos ayuda a entender otra curación más profunda y que Dios nos ofrece continuamente, la del pecado.
Comentando estas palabras el Papa Francisco decía en su visita a la Basílica de febrero “Ella nos dice que tiene el “honor” de ser nuestra madre. Eso nos da la certeza de que las lágrimas de los que sufren no son estériles. Son una oración silenciosa que sube hasta el cielo y que en María encuentra siempre lugar en su manto. En ella y con ella, Dios se hace hermano y compañero de camino, carga con nosotros las cruces para no quedar aplastados por nuestros dolores. ¿Acaso no soy yo tu madre? ¿No estoy aquí? No te dejes vencer por tus dolores, tristezas, nos dice. Esa actitud de misericordia que Ella vive con Juan Diego y con nosotros la enseñó a su hijo Jesús, y vio cómo él la vivía.
El Papa Francisco señala “Al pie de la cruz, María junto con Juan, el discípulo del amor, es testigo de las palabras de perdón que salen de la boca de Jesús. El perdón supremo ofrecido a quien lo ha crucificado nos muestra hasta dónde puede llegar la misericordia de Dios. María atestigua que la misericordia del Hijo de Dios no conoce límites y alcanza a todos sin excluir a ninguno. Dirijamos a ella la antigua y siempre nueva oración del Salve Regina, para que nunca se canse de volver a nosotros sus ojos misericordiosos y nos haga dignos de contemplar el rostro de la misericordia, su Hijo Jesús”.
Y si pasamos a contemplar la Aparición de Virgen de Guadalupe podemos decir que fue fundamental en la vida de los pueblos que habitaban Mesoamérica el que María de Guadalupe haya querido estamparse en la tilma de Juan Diego. Los pueblos indígenas no tenían un alfabeto. Todas las cosas las transmitían a través de pinturas, que ahora llamamos códices. Así escribían su historia. Un personaje muy importante en la religión indígena era el que custodiaba estos códices. Las imágenes eran por tanto algo indispensable para la comunicación entre ellos. El hecho de que a un pueblo que se comunicaba así se le envíe una imagen de la Madre de Dios era una perfecta catequesis.
Un segundo aspecto es el rostro. No es un rostro indio ni español, sino mestizo. Hoy ese rostro es totalmente normal en México, pero no lo era en ese entonces. Apenas estaba empezando a darse la mezcla de razas. Al principio no fue tan fácil el mestizaje. Hay un texto del Obispo de Michoacán Vasco de Quiroga que habla de los sufrimientos de los niños mestizos, que andaban en los mercados buscando qué comer, ellos eran rechazados por españoles e indios. En el rostro de la Virgen de Guadalupe vemos la propuesta de un mensaje de comunión: el mestizaje no constituía un hecho humillante; el catolicismo nos invita a vivir la comunión, a superar las diferencias entre las razas a través de la paz y armonía, esto está expresado plásticamente en el rostro de la Virgen.
La expresión del rostro era de especial importancia en el mundo náhuatl (la palabra ixtli = rostro, era sinónimo de persona), de aquí que su expresión tierna y amorosa, de una madre que contempla a su hijo, indica amor, caricia, protección: un inmenso interés por la persona. En náhuatl la manera de mirar de la Virgen, de lado, equivalía a pensar en el que se mira, no olvidarse del que se mira. Lo que es totalmente de acuerdo al mensaje Evangélico.

jueves, 2 de febrero de 2017

- La Aparición de la Virgen en el momento más dramático

MARIA DE GUADALUPE, TRAE VIDA Y ESPERANZA AL ANAHUAC
En 1529, dos años antes de la Aparición de Santa Maria de Guadalupe, cuando ya se habían cumplido 8 años de la conquista realizada por Hernán Cortés, la situación que se vivía entre los indígenas en México era del todo dramática. La conocida como “Audiencia” que gobernaba en nombre del Rey de España, cometió tan grandes daños al mundo indígena que el Obispo de México, Juan de Zumárraga, envió cartas a la Corte Española donde reportaba todas las injusticias y atropellos que la Audiencia cometía tanto contra los indígenas como en contra de los españoles; así se puede leer en carta al Rey de España del 27 agosto 1529: “los naturales no poco tristeza y dolor tienen, no tan solamente por quitarles lo suyo y dañarles su pueblo, y los hacendados tienen mucha cantidad de indios que les sirven, de esclavos que en las minas les cogen oro, de posesiones de muchas ovejas, vacas e yeguas..” el Obispo se sentía impotente ante tantos desastres y abusos de algunos de los españoles..robos, crímenes, corrupción era su ley; maltrataban a los indígenas para satisfacer intereses de todo tipo. Y como el Obispo no encontraba ninguna salida humana, rogaba para que Dios interviniera, así escribía: …si Dios no provee con remedio de su mano está la tierra en punto de perderse totalmente”
 Se llegó a un punto que los franciscanos desesperados, veían la situación fuera de control, no solo de frente a la evangelización de los indígenas sino también respecto a las crueldades y abusos cometidos por los hacendados españoles. La población indígena estaba traumada por la conquista, diezmada por la terrible enfermedad… los indios constataban que los astros seguían sus ciclos sin necesidad de los corazones de las víctimas, ni de la sangre de los sacrificios humanos; no había necesidad de sacrificar a sus hijos a los antiguos dioses. Además los misioneros les decían que todas sus creencias eran del diablo, que Satanás había capturado las almas de sus antepasados y habían sido todos burdamente engañados… La total oscuridad se cernía en el Anáhuac.
 Y en diciembre de 1531 Dios interviene por medio de lo más amado, por medio de María, la Madre del Hijo. Ella, la primera misionera del Amor de Dios será la Estrella de la Esperanza.
  Dios toma la iniciativa de encontrarse con el ser humano por medio de Santa María de Guadalupe, quien ha elegido a un indígena humilde y sencillo:Juan Diego Cuauhtlatoatzin.
  Dios, quien envió su Hijo hace dos mil años, no ha quedado mudo y continúa hablando y actuando a favor de sus hijos. De esta manera la Aparición de la Virgen en Guadalupe no es una revelación nueva, sino una nueva y maravillosa adaptación de la misma y única revelación de Jesús en un momento de la historia. Y descubrimos que esta Aparición guadalupana es el modelo de evangelización perfectamente inculturada pues, por medio de Santa María de Guadalupe, Dios sigue encontrándose con todos sus hijos.
  Es comprensible que los primeros frailes misioneros llegados a México en 1521 no pudieran contemplar nada bueno en los sacrificios humanos que formaban parte central de la religiosidad de la cultura de los indígenas; incluso si nosotros llegáramos a presenciar cómo a un pobre individuo lo sujetan en una piedra y con un cuchillo le abren el pecho, sacan el corazón y la sangre, reaccionaríamos con terror, y por supuesto no veríamos nada bueno en un rito semejante. Para aquellos frailes del siglo XVI eran diabólicos ritos y sanguinarias celebraciones satánicas.
  Por eso resulta extraordinaria la evangelización inculturada que realiza Santa María de Guadalupe. La Virgen consigue que se detenga todo sacrificio humano, pero al hacerlo con tanta ternura y delicadeza, hablando a un humilde indio, se capta el fondo del alma indígena de pretender ser responsables del equilibrio del universo, de pensar que ellos eran los responsables de alimentar a los dioses con lo más preciado: su propia vida; de pensar erróneamente que los corazones y la sangre de las víctimas mantenían la supervivencia de todo lo que existía, por lo tanto del mismo ser humano. En el Acontecimiento Guadalupano se toma lo bueno y positivo que realmente existía en el fondo del alma indígena, se purifica de los terribles errores, así como de la idolatría, y se conduce al ser humano a la plenitud en el único sacrificio de amor verdadero, el de Jesús en la cruz; el Hijo, se sacrifica una vez por todos y así nos redime del mal y la muerte.
  Vemos como el Acontecimiento Guadalupano es una extraordinaria inculturación y proclamación del Evangelio en un momento importante de la historia humana, y en un núcleo de culturas en donde Dios, por medio de la Virgen, cumple, sin humillar a sus enviados, los misioneros; y sin condenar a los indígenas que buscaban ser responsables del equilibrio del universo entero.

   Y si la misión evangelizadora de los primeros frailes parecía destinada al fracaso, después de las apariciones en el Tepeyac cambió radicalmente la situación misionera. En pocos años millones de indígenas pidieron a los misioneros españoles el bautismo cristiano. La Virgen lleva a término en México el acontecimiento más bello de la historia de la Iglesia. 

jueves, 5 de enero de 2017

- Los tarahumaras le rezan a la Virgen

LA TARAHUMARA PIDE LA BENDICIÓN A LA MORENITA DEL TEPEYAC
Desde las lejanas tierras norteñas de Chihuahua la Diócesis de Tarahumara se llenó de gozo al contemplar el dulce rostro de Santa María de Guadalupe, a quien consagró su ser y amor, así como sus trabajos, alegrías, enfermedades y dolores.

Y así le piden: "Morenita de Guadalupe, como no decirte que estamos muy contentos en tu casa. Te hemos venido a visitar desde las lejanas tierras norteñas. Hoy la Diócesis de Tarahumara se siente llena de gozo, porque podemos contemplar tu dulce rostro, porque queremos pedirte que fijes en nosotros tu mirada y te suplicamos nos llenes de tus bendiciones maternales".
  En su homilía el Obispo indicó que la Diócesis de Tarahumara está comprometida con la Misión Permanente, de la cual la Virgen de Guadalupe es el ejemplo a imitar por ser la primera evangelizadora “que fue presurosa a las montañas de Judea, y también al valle del Anáhuac” para compartir la dicha que brota de su corazón de Madre del verdaderísimo Dios por quien se vive.
Afirmó que un agente evangelizador de la Misión permanente debe ser como María: disponible y pronto para servir, y entregarlo todo, en orden a que Jesús nazca en el corazón de todos los hijos de esta tierra. Explicó que la clave para encontrar la verdadera felicidad radica en creer y depositar totalmente la fe en el Señor, como lo hace María.
  La gran señal, la única señal que le ofrecen los designios misericordiosos de Dios, será la Palabra que se hace carne, Jesús que nació en Belén es el Emmanuel de los pobres, de los oprimidos, el que nace bajo la ley para rescatarnos de todo yugo, el verdadero libertador que nos comparte su inigualable dignidad al hacernos hijos de Dios, su Padre.
  En este marco de salvación, encontramos el mensaje del Tepeyac: la Señora del Cielo descubre a San Juan Diego el secreto de gozar de la paz en el corazón, de la confianza y de la alegría. "¿Qué te aflige? –dice la Virgen- ¿No estás bajo mi protección? ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿Qué has de menester? –le dice a Juan Diego-. La cercanía y la delicadeza de la Madre de Dios, abren el camino al Evangelio que predican los misioneros a todos los hijos de esta tierra.
La conversión masiva de los naturales, más que resultado de una estrategia humana, viene a realizarse por la manifestación prodigiosa de la Virgencita de Guadalupe. Así como al entrar Ella en la casa de su prima Isabel, su saludo hizo saltar de gozo a la criatura en el seno de su madre, aquí es todo un pueblo el que experimenta de modo semejante el gozo del encuentro con Cristo.
 Como una inquietud muy importante, en el camino evangelizador de nuestra Diócesis de Tarahumara, te comunicamos Virgencita Santa, que nos des tu bendición, porque ya contamos con un nuevo Plan de Pastoral Diocesano, tenemos la convicción de que nuestra vida pastoral debe ser de procesos y no meramente de sucesos, tratamos de sacudirnos la tentación de vivir una pastoral de conservación y sacramentalista, hoy te decimos que queremos seguir optando por una pastoral misionera, que nazca de una auténtica conversión personal y también conversión pastoral y comunitaria, que esté dinamizada por la nueva evangelización, para que nos lleve a vivir el encuentro con Jesucristo vivo.
Anida en nosotros el deseo vehemente madrecita querida de que el Evangelio logre inspirar la vida de nuestro pueblo, para que transforme los criterios de todos y de esta manera las relaciones interpersonales, y el entero entramado social, entren como motor los planes del Señor.
 Tenemos que mirar al acontecimiento guadalupano que ha sido esa inculturación, esa encarnación del Evangelio; no sólo la figura exterior, el color de la piel o las facciones del rostro, sino la profunda transformación que ha dignificado a los habitantes de estas tierras, que nos ha dado la identidad de hijos y nos ha constituido en alguien merecedor de confianza.
 Sin duda sabemos que la justicia y la paz son también una tarea en la que hemos de comprometernos con perseverancia y sabiduría, con paciencia y fortaleza, pues sólo así podremos cumplir con el encargo que nos dejó Santa María de Guadalupe de construirle una Casa, en cada uno de nosotros, de nuestras personas, de nuestros pueblos y comunidades, de nuestra Diócesis de Tarahumara, de construirle una casa, de ofrecerle un Hogar, donde Ella nos muestre su misericordia y compasión.
 Madre de misericordia, la Iglesia que peregrina en nuestra Diócesis de Tarahumara, recurre a Ti para consagrarte en este día todo nuestro ser y todo nuestro amor. Te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos, nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores. Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos. Y todo lo que tenemos y somos, lo ponemos bajo tu cuidado, Señora y Madre nuestra de Guadalupe.
Queremos ser totalmente tuyos y recorrer Contigo el camino de una plena fidelidad a Jesucristo en su Iglesia, no nos sueltes de tu mano amorosa, llénanos de tus bendiciones y recíbenos en tu corazón de Madre, Virgen Santa de Guadalupe.

En el ofertorio se hizo el rito de ‘wiroma’, que es un acto donde se purifican los cuatro puntos cardinales comenzando por el oriente, con la esperanza del amanecer; el poniente que es muerte, con la esperanza de la resurrección; el norte que es frío, con la esperanza de la muerte de plagas que afectan a las plantas, a los animales y a los humanos; y el sur que es la vida, con la esperanza de que haya lluvias favorables a las cosechas.

martes, 13 de diciembre de 2016

- El Papa nos actualiza la Virgen de Guadalupe

El Papa Francisco pronunció una bella homilía en el día en el que la Iglesia celebra a la Virgen de Guadalupe, Emperatriz de América y Patrona de México.
A continuación el texto completo de la homilía del Santo Padre en la Basílica de San Pedro hoy 12 Diciembre en el Vaticano:
            «Feliz de ti porque has creído» (Lc 1,45) con estas palabras Isabel ungió la presencia de María en su casa. Palabras que nacen de su vientre, de sus entrañas; palabras que logran hacer eco de todo lo que experimentó con la visita a su prima: «Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti porque has creído».
Dios nos visita en las entrañas de una mujer, movilizando las entrañas de otra mujer con un canto de bendición y alabanza, con un canto de alegría. La escena evangélica lleva consigo todo el dinamismo de la visita de Dios: cuando Dios sale a nuestro encuentro moviliza nuestras entrañas, pone en movimiento lo que somos hasta transformar toda nuestra vida en alabanza y bendición.
Cuando Dios nos visita nos deja inquietos, con la sana inquietud de aquellos que se sienten invitados a anunciar que Él vive y está en medio de su pueblo. Así lo vemos en María, la primera discípula y misionera, la nueva Arca de la Alianza quien, lejos de permanecer en un lugar reservado en nuestros templos, sale a visitar y acompaña con su presencia la gestación de Juan. Así lo hizo también en 1531: corrió al Tepeyac para servir y acompañar a ese Pueblo que estaba gestándose con dolor, convirtiéndose en su Madre y la de todos nuestros pueblos.
Con Isabel también nosotros hoy en su día queremos ungirla y saludarla diciendo: «Feliz de ti María porque has creído» y sigues creyendo «que se cumplirá todo lo que te fue anunciado de parte del Señor» (v. 45). María es así como el icono del discípulo, de la mujer creyente y orante que sabe acompañar y alentar nuestra fe y nuestra esperanza en las distintas etapas que nos toca atravesar.
En María tenemos el fiel reflejo «no (de) una fe poéticamente edulcorada, sino (de) una fe recia sobre todo en una época en la que se quiebran los dulces encantos de las cosas y las contradicciones entran en conflicto por doquier».
Ciertamente tendremos que aprender de esa fe recia y servicial que ha caracterizado y caracteriza a nuestra Madre; aprender de esa fe que sabe meterse dentro de la historia para ser sal y luz en nuestras vidas y en la sociedad.
………/….
Qué duro es ver cómo hemos normalizado la exclusión de nuestros ancianos obligándolos a vivir en la soledad, simplemente porque no generan productividad; o ver –como bien supieron decir los obispos en Aparecida–, «la situación precaria que afecta la dignidad de muchas mujeres. Algunas, desde niñas y adolescentes, son sometidas a múltiples formas de violencia dentro y fuera de casa».
Son situaciones que nos pueden paralizar, que pueden poner en duda nuestra fe y especialmente nuestra esperanza, nuestra manera de mirar y encarar el futuro.
Frente a todas estas situaciones, así y todo, tenemos que decir con Isabel: «Feliz de ti por haber creído», y aprender de esa fe recia y servicial que ha caracterizado y caracteriza a nuestra Madre.
Celebrar a María es, en primer lugar, hacer memoria de la madre, hacer memoria de que no somos ni seremos nunca un pueblo huérfano. ¡Tenemos Madre! Y donde está la madre hay siempre presencia y sabor a hogar. Donde está la madre, los hermanos se podrán pelear pero siempre triunfará el sentido de unidad. Donde está la madre, no faltará la lucha a favor de la fraternidad.
Siempre me ha impresionado ver, en distintos pueblos de América Latina, esas madres luchadoras que, a menudo ellas solas, logran sacar adelante a sus hijos. Así es María con nosotros, somos sus hijos: Mujer luchadora frente a la sociedad de la desconfianza y de la ceguera, frente a la sociedad de la desidia y la dispersión; Mujer que lucha para potenciar la alegría del Evangelio. Lucha para darle «carne» al Evangelio.
Mirar la Guadalupana es recordar que la visita del Señor pasa siempre por medio de aquellos que logran «hacer carne» su Palabra, que buscan encarnar la vida de Dios en sus entrañas, volviéndose signos vivos de su misericordia.
Celebrar la memoria de María es afirmar contra todo pronóstico que «en el corazón y en la vida de nuestros pueblos late un fuerte sentido de esperanza, no obstante las condiciones de vida que parecen ofuscar toda esperanza». María, porque creyó, amó; porque es sierva del Señor y sierva de sus hermanos.
Celebrar la memoria de María es celebrar que nosotros, al igual que ella, estamos invitados a salir e ir al encuentro de los demás con su misma mirada, con sus mismas entrañas de misericordia, con sus mismos gestos.
Contemplarla es sentir la fuerte invitación a imitar su fe. Su presencia nos lleva a la reconciliación, dándonos fuerza para generar lazos en nuestra bendita tierra latinoamericana, diciéndole «sí» a la vida y «no» a todo tipo de indiferencia, de exclusión, de descarte de pueblos o personas.
No tengamos miedo de salir a mirar a los demás con su misma mirada. Una mirada que nos hace hermanos. Lo hacemos porque, al igual que Juan Diego, sabemos que aquí está nuestra madre, sabemos que estamos bajo su sombra y su resguardo, que es la fuente de nuestra alegría, que estamos en el cruce de sus brazos.
Danos la paz y el trigo, Señora y niña nuestra, una patria que sume hogar, templo y escuela, un pan que alcance a todos y una fe que se encienda por tus manos unidas y por tus ojos de estrella. Amén.



viernes, 9 de diciembre de 2016

- Guadalupe, Ventana al Cielo

La tilma de san Juan Diego es la Ventana al Cielo, pues en ella está plasmada la prodigiosa imagen de la bellísima Santa María de Guadalupe. Y en ella observamos como la Virgen de Guadalupe está rodeada del cosmos, las estrellas, la luna, el sol, la tierra, las nubes, un ángel con alas de águila y los colores de las cuatro dimensiones y direcciones del universo.
  Quien ve la imagen de la Virgen de Guadalupe plasmada en la humilde tilma de san Juan Diego se encontrará con el retrato de una doncella de Nazaret que está “encinta”, embarazada; por lo tanto, en el centro de su imagen está Él, Jesucristo nuestro Señor, es la Encarnación del Verbo y, al mismo tiempo, en la fiesta de Panquetzaliztli, fiesta que fue descrita por el misionero del siglo XVI, como la “Pascua principal” indígena. Ahora se comprenderá, cómo de manera completa y perfecta la Virgen de Guadalupe es la primera misionera del amor misericordioso de Dios, pues Jesucristo se ofrece, por medio de ella, como la Pascua Florida, Jesucristo, aquel que ha vencido a las tinieblas y ha vencido a la muerte.
  Esto es una proclamación maravillosa de lo que la Virgen María expresa en el Evangelio: “Hagan lo que Él les diga”, y obviamente nos lleva al centro de todo altar lo verdadero, la Eucaristía. Ella es mujer eucarística, que nos dirige a Él: único y eterno sacrificio. Él que es sacerdote, víctima y altar.
  Con razón es la Virgen de Guadalupe es la primera misionera maravillosa del Amor Misericordioso de Dios, especialmente cuando ella le dijo “sí” a la voluntad de Dios, “sí” al amor, “sí” a la maternidad, “sí” a la misericordia divina. Por eso, Ella nos enseña a decirle “sí” al Señor, especialmente con la vida misma. Y más ahora que tanto necesita el ser humano, que está muy desconcertado, que está muerto de miedo por las diferencias, por las envidias, por los celos, por el egoísmo, por la soberbia, y que varios hermanos nuestros parece que todavía no entienden que es sólo en la abrazo de aceptación del otro como hermano que encontraremos nuestra razón de ser y existir.
  En este mes de diciembre, el día 12, se cumplen 485 años de que Dios le mostró a todo ser humano, de una manera muy especial, su amor; se cumplirán 485 años de la irrupción de Dios en este mundo y en esta historia, por medio de Santa María de Guadalupe, quien lleva a Jesús en su inmaculado vientre.


miércoles, 26 de octubre de 2016

- Maria en Guadalupe evangeliza

Los indígenas creían que había que ofrecer corazones y sangre a los “dioses” para que el universo pudiera continuar con vida, pero Santa María de Guadalupe les enseña que no son ni su sangre, ni sus corazones lo que sustenta a esos ídolos, sino que es su Hijo, quien se entrega en la cruz en un verdadero sacrificio pleno y total, sólo por amor; que es su Hijo amado, Jesucristo, el único y eterno sacrificio que nos alimenta con su sangre, su corazón y su carne. Esto es la Eucaristía. Ella es la mujer Eucarística, Tabernáculo Inmaculado donde está Jesús, el Amor. Dios se entrega de una manera muy especial en la Eucaristía, sacramento central de esta “casita sagrada”, de este templo.
 María quería su “casita sagrada” en ese lugar del Tepeyac, pero “en el llano del Tepeyac”, que de alguna manera significa la “raíz” del cerro, es decir, en lo que para los indígenas era lo que estaba bien sustentado, lo verdadero, lo perenne, lo que estaba bien fundamentado. Además, el hecho de pedirlo “en el llano” también significaba la apertura universal y así facilitar el encuentro con todo ser humano.
 Como todo Acontecimiento Salvífico, el Guadalupano, si bien se verifica en un momento histórico, del 9 al 12 de diciembre de 1531, y en un lugar determinado: en el cerro del Tepeyac; trasciende fronteras, culturas, pueblos, costumbres, etc.; llega hasta lo más profundo de todo ser humano; además, toma en cuenta la participación precisamente de este ser humano, concreto e histórico, con sus defectos y virtudes, para que con su intervención fuera más allá de lo que la humana naturaleza permitiría.
 Una de las más claras manifestaciones de que en realidad se trata de un Acontecimiento Salvífico es la conversión del corazón, es el mover, en un verdadero arrepentimiento, al ser humano desde lo más profundo de ese corazón, del alma, del espíritu y de la razón, como fruto de este encuentro con Dios, quien siempre toma la iniciativa, haciendo realidad una vida plena y total, dándole todo su sentido al amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas y al prójimo como a uno mismo.
 La Virgen de Guadalupe nos conduce siempre a Él, a su Hijo Jesucristo, Ella es la “Estrella de la primera y de la nueva evangelización” haciendo de nosotros una verdadera familia, preocupándonos y ocupándonos los unos de los otros como verdaderos hermanos. Por ello, en la V Conferencia del Episcopado Latino Americano y del Caribe, en Aparecida, Brasil, los obispos afirmaron: “María, Madre de Jesucristo y de sus discípulos, ha estado muy cerca de nosotros, nos ha acogido, ha cuidado nuestras per­sonas y trabajos, cobijándonos, como a Juan Diego y a nuestros pueblos, en el pliegue de su manto, bajo su maternal protección. Le hemos pedido, como Madre, perfecta discípula y pedagoga de la evangelización, que nos enseñe a ser hijos en su Hijo y a hacer lo que Él nos diga (Jn 2, 5).”
 Lo que tanto desea Ella es una “casita sagrada”, un templo, familia de Dios, en cuyo centro está Jesucristo-Eucaristía. La humilde sierva de Dios le pide a san Juan Diego que vaya ante el obispo para que apruebe la edificación de esta “casita sagrada”. La Madre del Dueño del cielo y de la tierra se somete a la aprobación del obispo de la Iglesia instituida por su Hijo, su Amor-Persona, Jesús.
 Por medio de Santa María de Guadalupe, Jesucristo es quien purifica todo y les da la plenitud en Él, el Hijo de Dios verdadero, Él, que es la respuesta de lo que tanto anhelaban los indígenas y de todos los seres humanos de todos los tiempos; presentándose como el Camino, la Verdad y la Vida, el máximo y pleno Sacrificio en la cruz, en su muerte y en su Resurrección. Él es la verdadera Pascua Florida, que tiene como lugar la “casita sagrada”. Jesús es le verdadero Templo que la Virgen de Guadalupe tanto deseaba y que podemos ubicarlo, trascendentalmente, en lo más profundo de nuestro corazón, en lo sagrado de la vida de todo ser humano, Templo del Espíritu Santo.
 El Santuario de Guadalupe es un lugar histórico, pero que se vuelve tierra santa con la presencia de la Madre de Dios quien con su fiat, Dios se encarna y habita en medio de nosotros; un lugar bendito, meta de tantas peregrinaciones y tantos corazones y, al mismo tiempo, lugar de arranque para proclamar al mundo entero la verdadera misericordia, como Ella dice: “Él, que es mi mirada misericordiosa”. Un templo que nos lleva a edificar el templo del Espíritu Santo que late dentro de nosotros.