Frase

Conoce el santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, en México.


Cada año millones de personas acuden a rezar a María, la Madre "que nos lleva en su regazo", Ella también nos dice hoy: "No se perturbe tu corazón, no temas".

lunes, 8 de mayo de 2017

- Santa María de Guadalupe, Madre de Dios, Madre nuestra

Santa María de Guadalupe nos expresa con infinito amor que Ella es la Madre de Dios, y fue, precisamente, Jesucristo en el momento en que ofrece su vida, clavado en la cruz, momento crucial de su pasión, exactamente, cuando está entregando toda su vida, todo su ser, es cuando también nos entrega lo más precioso para Él, su propia Madre haciéndola nuestra. “Mujer ahí está tu hijo, hijo ahí está tu Madre”.
  Así, María al ser Madre de Dios y Madre nuestra se vuelve nuestra identidad, nuestra integración, nuestra armonía y nuestra paz; Ella es la Madre de todos los seres humanos, como se lo expresó a san Juan Diego cuando el 9 de diciembre de 1531 se presentó ante este humilde indio macehual diciendo: “soy tu Madre, la Madre de todos aquellos que en esta tierra están en uno y de las demás variadas naciones, estirpes, los que me amen”. De esta manera, es claro que es la Madre tanto de los indígenas, como del cúmulo de razas y de culturas que están en esta misma tierra, así como de los españoles, que a su vez representan también un gran cúmulo de culturas y razas, y en la base se encuentran los judíos y árabes y, en ellos, todo ser humano.
  Así pues, todos formamos un solo pueblo, una sola civilización que viene del amor de Dios, por medio de su Madre, quien es también nuestra Madre; y que también en el Nican Mopohua, la Virgen María lo expresa con infinita humildad y tierno amor: “«¿no estoy yo aquí que tengo el honor y la dicha de ser tu Madre?».” Esto nos confirma con inmensa alegría que todos, absolutamente todos, estamos llamados a ser la única familia de Dios y, con ello, ser protagonistas de la paz, de la unidad, de la armonía, del perdón, del amor pleno de Jesucristo Nuestro Señor en Santa María de Guadalupe.
  Todos los que integramos los cinco continentes podemos hacer nuestras las palabras de Santa María de Guadalupe quien también nos dice que es Madre de todos: “los que a mí clamen –dice María–, los que me busquen, los que confíen en mí, porque ahí escucharé su llanto, su tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores».”
  Por ello, el rostro mestizo de la Virgen de Guadalupe, la Morenita, es el mestizaje de integración en un amor profundo. Ella, “la Madre del verdaderísimo Dios por quien se vive”, ha tomado hasta en la piel esta identidad con todos, ya que en Ella confluyen todas las razas, y Ella es Madre de todos, es signo de mestizaje de todos los pueblos en Ella, ya que su piel morena es el amor maternal que nos une a todos en su Hijo Jesús, pues todos somos la familia de Dios, como Ella misma se lo reiteró de manera directa a Juan Diego.
  Ella participa de manera maternal en hacer nacer este nuevo pueblo, esta nueva civilización del amor de Dios, da un nuevo nacimiento desde el amor del verdaderísimo Dios por quien se vive.

- Guadalupe, la Virgen sigue cuidándonos como Madre

Como todo Acontecimiento Salvífico, el Guadalupano, si bien se verifica en un momento histórico: del 9 al 12 de diciembre de 1531, y en un lugar determinado: en el cerro del Tepeyac, en México; trasciende fronteras, culturas, pueblos, costumbres, etc., y también trasciende tiempos; llega hasta lo más profundo del ser humano; además, toma en cuenta la participación precisamente de este ser humano, concreto e histórico, con sus defectos y virtudes para que, con su intervención, camine, peregrine, construyendo la unidad.
  Una de las más claras manifestaciones de esta realidad es la conversión del corazón, es el mover al ser humano, desde lo más profundo de su alma, de su espíritu y de su razón, haciendo realidad un cambio de vida pleno, dándole todo su sentido, para llegar a la tierra prometida, a la tierra sagrada, a la tierra florida, a la Pascua Florida.
  En aquel 1531, los franciscanos, misioneros de la Palabra de Dios, entraron al Nuevo Mundo con esta idea de lograr la conversión de cuanto ser humano se encontrara en el camino, pero todo parecía imposible para ellos: eran muy pocos, la conquista había destruido la esperanza de los nativos en sus tradiciones… y en esta situación de sufrimiento para todos, llega la Virgen y se aparece a un indígena, al indio Juan Diego...
  En este sentido, la frase que María expresó a Juan Diego: “que no se perturbe tu rostro, tu corazón” (Nican Mopohua,118), tiene una gran profundidad, ya que en, la mentalidad indígena, esto significa la persona entera; además, tiene un contenido que se enriquece si se toma en cuenta que para la mentalidad indígena un profesor, un sabio, un dirigente, un padre de familia, es aquel que puede transformar al ser humano desde el fundamento de la vida, lo que los indígenas expresan como el “poner un rostro humano en el corazón ajeno”, era el humanizar el corazón, el humanizar la vida..
  Desde la aparición de la Virgen de Guadalupe se manifestó una de las conversiones más impresionantes, sin precedentes en toda la historia de la Iglesia Católica, en tan sólo siete años, más de nueve millones de conversiones. Las fuentes históricas nos permiten conocer la magnitud de esta conversión. Por las fuentes documentales, sobre todo de los primeros misioneros, testigos directos de esta apoteótica conversión, tenemos un testimonio vivo de este fenómeno de fe. Una conversión que no hay ciencia humana que la pueda explicar.

  Hoy, en este tiempo de grandes retos, es donde se vuelve un tiempo de gracia, una gracia de Dios que se hace patente ante los problemas de la vida, se fortalece y se profundiza en la plenitud de su Amor y en los brazos de su Madre y nuestra Madre que nos dice “No tengas miedo, no tengas miedo, ¿acaso no estoy yo aquí, que tengo el honor y la dicha de ser tu madre?”  (Nican Mopohua, 119).
  Santa María de Guadalupe nos llena del amor, un amor que no se puede encerrar u ocultar, que se tiene que compartir; Ella es la fuente de toda alegría pues nos da a su amadísimo Hijo; siendo Ella nuestra Madre somos al mismo tiempo hermanos de Jesucristo, el Resucitado. Ella es portadora de la misericordia, del consuelo y de la paz.

viernes, 7 de abril de 2017

- Benedicto XVI explica el Tepeyac

 El “papel ecuménico” de la Virgen en el Tepeyac
El entonces cardenal Ratzinger (Benedicto XVI) en un congreso del año 2003 se mostró muy conocedor de la historia del Tepeyac y de la Virgen de Guadalupe. En su alocución, el futuro Papa Benedicto XVI, alude bellamente el “papel ecuménico” de Santa María de Guadalupe, misión de quien viene a unir, a relacionar, no a destruir el pasado sino a reconstruirlo:
“El ejemplo más impresionante de continuidad dentro de un cambio es la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. Su culto empieza en el lugar en el que antes había estado la imagen de “nuestra venerada madre” (en referencia al Tepeyac, lugar de la diosa azteca Tonantzin que significa ‘nuestra venerada madre’)… esto se amplía y profundiza por el símbolo del sol, de la luna y de las estrellas. Ella es mayor que los dioses indígenas, porque oculta el sol, aunque no lo extingue. La mujer es más poderosa que la máxima divinidad, el dios sol. Es más poderosa que la luna, puesto que está de pie sobre ella, pero no la aplasta… En las formas y símbolos en que aparece se ha incorporado toda la riqueza de las religiones precedentes, y se ha reducido a una unidad desde un nuevo núcleo procedente de lo alto. Está, por así decirlo, por encima de las religiones, pero no las aplasta. De esta manera, Guadalupe es, en muchos aspectos, una imagen de la relación del cristianismo con las religiones. Todos los ríos confluyen en ella, se purifican, se renuevan, pero no se destruyen. También es una imagen de la relación entre la verdad de Jesucristo y las verdades de las religiones: la verdad no se destruye, sino que se purifica y une” (Osservatore Romano 17 enero 2003).
En el libro “La Guadalupana” se incluyen las palabras anteriores del Papa Benedicto y se añade este comentario: “…De la misma forma que Ella había acariciado entre sus manos las rosas de Juan Diego, así la Virgen de Guadalupe abrazó nuestras tradiciones prehispánicas: su atavío lleno de referencias indígenas (todo un códice que habla a los indios) y principalmente su lenguaje totalmente familiar para un nahua.  Adoptando la Señora esa fusión cristiano-azteca podriamos decir que Ella estaba bautizándola. Es muy significativo que el Nican Mopohua ponga en boca de la Virgen María los términos usados en la cultura náhuatl para referirse a Dios, lo que ningún misionero de la época se hubiera atrevido a usar. Con eso los indígenas entendieron que ese Dios al que se refería Ella, la nueva Tonantzin era justamente el de ellos.

lunes, 20 de marzo de 2017

- Guadalupe: Encuentro de Dios con los hombres

En medio de una cultura indígena tan religiosa, tan fuerte y tan profunda, y tomando en cuenta los antecedentes y el contexto en el momento en que se da el encuentro de Dios con los hombres, por medio de Santa María de Guadalupe, nos damos cuenta de la pureza teológica de este evento, que es un portento de inculturación del Evangelio a la mente indígena y, desde ahí, un fuerte llamado a la conversión universal del corazón.
La Virgen al parecerse a Juan Diego consigue que se detenga todo sacrificio humano, pero al hacerlo con tanta ternura y delicadeza, hablando a un humilde indio, capta el fondo del alma indígena de pretender ser responsables del equilibrio del universo, de pensar que ellos eran los responsables de alimentar a los dioses con lo más preciado: su propia vida; de pensar erróneamente que los corazones y la sangre de las víctimas mantenían la supervivencia de todo lo que existía, por lo tanto del mismo ser humano.
 En el Acontecimiento Guadalupano se toma lo bueno y positivo que realmente existía en el fondo del alma indígena, se purifica de los terribles errores, así como de la idolatría, y se conduce al ser humano a la plenitud en el único sacrificio de amor verdadero, el de Jesús en la cruz; el Hijo, se sacrifica una vez por todos y así nos redime del mal y la muerte.
  Vemos como el Acontecimiento Guadalupano es una extraordinaria inculturación y proclamación del Evangelio en un momento importante de la historia humana, y en un núcleo de culturas en donde Dios, por medio de la Virgen, cumple, sin humillar a sus enviados, los misioneros; y sin condenar a los indígenas que buscaban ser responsables del equilibrio del universo entero.
   Y si la misión evangelizadora de los primeros frailes llegados a México parecía del todo destinada al fracaso, después de las apariciones en el Tepeyac cambió radicalmente la situación misionera. En pocos años millones de indígenas pidieron a los misioneros españoles el bautismo cristiano. La Virgen lleva a término en México el acontecimiento más bello de la historia de la Iglesia.
  El Acontecimiento Guadalupano es el modelo de evangelización perfectamente inculturada como lo afirmó el recordado y amado San Juan Pablo II. En Santa María de Guadalupe se da este encuentro entre el verdadero Dios Padre y sus hijos; en Jesucristo se purifica la fe religiosa indígena llevándola a su máxima plenitud. Un pueblo con misión en el amor guiado por el Espíritu Santo; en otras palabras, no son los corazones y la sangre de los hombres derramada en la piedra de los sacrificios para, supuestamente, alimentar a la divinidad y procurar el equilibrio universal, sino que es el Hijo de Dios, el Dueño del cielo y de la tierra, quien se ha dado, se ha entregado, en sacrificio pleno en la cruz, es su sangre y su corazón que se ofrecen al ser humano para que tenga vida y la tenga en plenitud; es el verdaderísimo Dios por quien se vive quien se entrega totalmente por medio sus sacramentos, especialmente en la Eucaristía; es el Dueño del cielo y de la tierra quien, desde esa cruz de inmolación, nos ha entregado a su propia Madre como nuestra Madre, nos ha dado su máxima herencia: María, Madre de la Iglesia, Aquella que nos mira con misericordia y con tanto amor.

sábado, 4 de febrero de 2017

- Guadalupe, encuentro de misericordia

LA MISERICORDIA DE DIOS, EXPRESADA EN LA PRESENCIA DE LA VIRGEN DE GUADALUPE EN LA HISTORIA DE MÉXICO
El Papa Francisco, cuando visitó la Basílica de Guadalupe el 13 de febrero del año 2016 dijo: “María, la mujer del sí, también quiso visitar a los habitantes de estas tierras de América en la persona del indio San Juan Diego. Así como se movió por los caminos de Judea y Galilea, de la misma manera caminó al Tepeyac, con sus ropas, usando su lengua, para servir a esta gran Nación. Y, así como acompañó la gestación de Isabel, ha acompañado y acompaña la gestación de esta bendita tierra mexicana”.
Además Ella nos viene a traer a Jesucristo, que es la mayor muestra de misericordia que puede tener con los habitantes de estas tierras: “mucho quiero, mucho deseo que aquí me levanten mi casita sagrada. En donde lo mostraré [a Él], lo ensalzaré [a Él] al ponerlo de manifiesto". Y ella es la que mejor podía darnos a conocer a su Hijo: “Ninguno como María ha conocido la profundidad del misterio de Dios hecho hombre. Todo en su vida fue plasmado por la presencia de la misericordia hecha carne. La Madre del Crucificado Resucitado entró en el santuario de la misericordia divina porque participó íntimamente en el misterio de su amor”.
Otra expresión maravillosa de la misericordia es tener compasión, sin exclusión de nadie, saber escuchar al que sufre, y buscar el remedio a sus penalidades, pues bien, esto es precisamente lo que vino a hacer la Santísima Virgen en 1531, como Ella le dijo a San Juan Diego: “Yo en verdad soy vuestra madre compasiva, tuya y de todos los hombres que en esta tierra estáis en uno, y de las demás variadas estirpes de hombres, mis amadores, los que a mi clamen, los que me busquen, los que confíen en mí, porque ahí les es­cucharé su llanto, su tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores”.
Quisiera reflexionar sobre las actitudes de misericordia que se encuentran en el Nican Mopohua, escrito por el indígena Antonio Valeriano. La primera es que la Virgen María sale al encuentro del pueblo indígena, representado en San Juan Diego. El primer paso para practicar la misericordia es ir al encuentro del otro. Aquel que está encerrado en sí mismo, en sus propios intereses o problemas, no puede ejercitar la misericordia con el próximo.
Pero además se adapta al lenguaje y a la cultura del pueblo. Cuando se presenta dice ”yo soy la Perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del Verdaderísimo Dios por quien se vive, el creador de las personas, el dueño de la cercanía y de la inmediación, el dueño del cielo, el dueño de la tierra”. O sea, para hablar de Dios utiliza las mismas palabras que los sabios indígenas usaban para hablar del Dios supremo.
Dios la envía a Ella para traer esperanza, que es otra actitud fundamental de misericordia, y que tiene relevancia enorme en nuestros días, en que vemos tanta desesperación, tanto desaliento y falta de entusiasmo para luchar por enfrentar los problemas, lo decía el Papa Francisco en su visita a la Basílica: “En ese amanecer, en ese encuentro, Dios despertó la esperanza de su hijo Juan, la esperanza de un pueblo. En ese amanecer, Dios despertó y des­pierta la esperanza de los pequeños, de los sufrientes, de los desplazados y descartados, de todos aquellos que sienten que no tienen un lugar digno en estas tierras".
Otro aspecto de esa misericordia es ayudar a que el otro cumpla y realice su misión en esta vida. Y a Juan Diego, la Virgen le encomendaba una misión, y a pesar de las dificultades que expresó este indígena, María Santísima se sostiene en su elección. Esto lo señaló admirable­mente el Papa Francisco aquí en el Tepeyac “En ese amanecer, Juancito experimenta en su propia vida lo que es la esperanza, lo que es la misericordia de Dios. Él es elegido para supervisar, cuidar, custodiar e impulsar la construcción de este Santuario. En repetidas ocasiones le dijo a la Virgen que él no era la persona adecuada, al contrario, si quería llevar adelante esa obra tenía que elegir a otros, ya que él no era ilustrado, letrado o perteneciente al grupo de los que podrían hacerlo. María empecinada -con el empecinamiento que nace del corazón misericordioso del Padre- le dice: no, que él sería su embajador".
Juan Diego nos enseña también a vivir el servicio a los enfermos, e interesarnos no sólo por su salud corporal, sino también espiritual, como lo practicó con su tío Juan Bernardino. Incluso prefiere dar la vuelta al cerro, fallando a la cita con la Virgen, que para Juan Diego era sumamente importante, con tal de cumplir el deber de caridad de ayudar a su tío a bien morir.
Pero María le sale al encuentro en las faldas del Tepeyac y sin ninguna palabra de reproche por no haber acudido a la cita el día anterior, le comunica palabras de consuelo y aliento que son muy expresivas de esa misericordia de Dios que se manifiesta en María “Escucha, ponlo en tu corazón hijo mío el menor, que no es nada lo que te espantó, lo que te afligió, que no se perturbe tu rostro, tu corazón; no temas esta enfermedad, ni ninguna otra cosa punzante, aflictiva. ¿No estoy aquí, yo, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa? Que ninguna otra cosa te aflija, te perturbe; que no te apriete con pena la enfermedad de tu tío porque de ella no morirá por ahora. Ten por cierto que ya está bueno”. La curación de una enfermedad es una expresión privilegiada de la misericordia de Dios, que nos ayuda a entender otra curación más profunda y que Dios nos ofrece continuamente, la del pecado.
Comentando estas palabras el Papa Francisco decía en su visita a la Basílica de febrero “Ella nos dice que tiene el “honor” de ser nuestra madre. Eso nos da la certeza de que las lágrimas de los que sufren no son estériles. Son una oración silenciosa que sube hasta el cielo y que en María encuentra siempre lugar en su manto. En ella y con ella, Dios se hace hermano y compañero de camino, carga con nosotros las cruces para no quedar aplastados por nuestros dolores. ¿Acaso no soy yo tu madre? ¿No estoy aquí? No te dejes vencer por tus dolores, tristezas, nos dice. Esa actitud de misericordia que Ella vive con Juan Diego y con nosotros la enseñó a su hijo Jesús, y vio cómo él la vivía.
El Papa Francisco señala “Al pie de la cruz, María junto con Juan, el discípulo del amor, es testigo de las palabras de perdón que salen de la boca de Jesús. El perdón supremo ofrecido a quien lo ha crucificado nos muestra hasta dónde puede llegar la misericordia de Dios. María atestigua que la misericordia del Hijo de Dios no conoce límites y alcanza a todos sin excluir a ninguno. Dirijamos a ella la antigua y siempre nueva oración del Salve Regina, para que nunca se canse de volver a nosotros sus ojos misericordiosos y nos haga dignos de contemplar el rostro de la misericordia, su Hijo Jesús”.
Y si pasamos a contemplar la Aparición de Virgen de Guadalupe podemos decir que fue fundamental en la vida de los pueblos que habitaban Mesoamérica el que María de Guadalupe haya querido estamparse en la tilma de Juan Diego. Los pueblos indígenas no tenían un alfabeto. Todas las cosas las transmitían a través de pinturas, que ahora llamamos códices. Así escribían su historia. Un personaje muy importante en la religión indígena era el que custodiaba estos códices. Las imágenes eran por tanto algo indispensable para la comunicación entre ellos. El hecho de que a un pueblo que se comunicaba así se le envíe una imagen de la Madre de Dios era una perfecta catequesis.
Un segundo aspecto es el rostro. No es un rostro indio ni español, sino mestizo. Hoy ese rostro es totalmente normal en México, pero no lo era en ese entonces. Apenas estaba empezando a darse la mezcla de razas. Al principio no fue tan fácil el mestizaje. Hay un texto del Obispo de Michoacán Vasco de Quiroga que habla de los sufrimientos de los niños mestizos, que andaban en los mercados buscando qué comer, ellos eran rechazados por españoles e indios. En el rostro de la Virgen de Guadalupe vemos la propuesta de un mensaje de comunión: el mestizaje no constituía un hecho humillante; el catolicismo nos invita a vivir la comunión, a superar las diferencias entre las razas a través de la paz y armonía, esto está expresado plásticamente en el rostro de la Virgen.
La expresión del rostro era de especial importancia en el mundo náhuatl (la palabra ixtli = rostro, era sinónimo de persona), de aquí que su expresión tierna y amorosa, de una madre que contempla a su hijo, indica amor, caricia, protección: un inmenso interés por la persona. En náhuatl la manera de mirar de la Virgen, de lado, equivalía a pensar en el que se mira, no olvidarse del que se mira. Lo que es totalmente de acuerdo al mensaje Evangélico.

jueves, 2 de febrero de 2017

- La Aparición de la Virgen en el momento más dramático

MARIA DE GUADALUPE, TRAE VIDA Y ESPERANZA AL ANAHUAC
En 1529, dos años antes de la Aparición de Santa Maria de Guadalupe, cuando ya se habían cumplido 8 años de la conquista realizada por Hernán Cortés, la situación que se vivía entre los indígenas en México era del todo dramática. La conocida como “Audiencia” que gobernaba en nombre del Rey de España, cometió tan grandes daños al mundo indígena que el Obispo de México, Juan de Zumárraga, envió cartas a la Corte Española donde reportaba todas las injusticias y atropellos que la Audiencia cometía tanto contra los indígenas como en contra de los españoles; así se puede leer en carta al Rey de España del 27 agosto 1529: “los naturales no poco tristeza y dolor tienen, no tan solamente por quitarles lo suyo y dañarles su pueblo, y los hacendados tienen mucha cantidad de indios que les sirven, de esclavos que en las minas les cogen oro, de posesiones de muchas ovejas, vacas e yeguas..” el Obispo se sentía impotente ante tantos desastres y abusos de algunos de los españoles..robos, crímenes, corrupción era su ley; maltrataban a los indígenas para satisfacer intereses de todo tipo. Y como el Obispo no encontraba ninguna salida humana, rogaba para que Dios interviniera, así escribía: …si Dios no provee con remedio de su mano está la tierra en punto de perderse totalmente”
 Se llegó a un punto que los franciscanos desesperados, veían la situación fuera de control, no solo de frente a la evangelización de los indígenas sino también respecto a las crueldades y abusos cometidos por los hacendados españoles. La población indígena estaba traumada por la conquista, diezmada por la terrible enfermedad… los indios constataban que los astros seguían sus ciclos sin necesidad de los corazones de las víctimas, ni de la sangre de los sacrificios humanos; no había necesidad de sacrificar a sus hijos a los antiguos dioses. Además los misioneros les decían que todas sus creencias eran del diablo, que Satanás había capturado las almas de sus antepasados y habían sido todos burdamente engañados… La total oscuridad se cernía en el Anáhuac.
 Y en diciembre de 1531 Dios interviene por medio de lo más amado, por medio de María, la Madre del Hijo. Ella, la primera misionera del Amor de Dios será la Estrella de la Esperanza.
  Dios toma la iniciativa de encontrarse con el ser humano por medio de Santa María de Guadalupe, quien ha elegido a un indígena humilde y sencillo:Juan Diego Cuauhtlatoatzin.
  Dios, quien envió su Hijo hace dos mil años, no ha quedado mudo y continúa hablando y actuando a favor de sus hijos. De esta manera la Aparición de la Virgen en Guadalupe no es una revelación nueva, sino una nueva y maravillosa adaptación de la misma y única revelación de Jesús en un momento de la historia. Y descubrimos que esta Aparición guadalupana es el modelo de evangelización perfectamente inculturada pues, por medio de Santa María de Guadalupe, Dios sigue encontrándose con todos sus hijos.
  Es comprensible que los primeros frailes misioneros llegados a México en 1521 no pudieran contemplar nada bueno en los sacrificios humanos que formaban parte central de la religiosidad de la cultura de los indígenas; incluso si nosotros llegáramos a presenciar cómo a un pobre individuo lo sujetan en una piedra y con un cuchillo le abren el pecho, sacan el corazón y la sangre, reaccionaríamos con terror, y por supuesto no veríamos nada bueno en un rito semejante. Para aquellos frailes del siglo XVI eran diabólicos ritos y sanguinarias celebraciones satánicas.
  Por eso resulta extraordinaria la evangelización inculturada que realiza Santa María de Guadalupe. La Virgen consigue que se detenga todo sacrificio humano, pero al hacerlo con tanta ternura y delicadeza, hablando a un humilde indio, se capta el fondo del alma indígena de pretender ser responsables del equilibrio del universo, de pensar que ellos eran los responsables de alimentar a los dioses con lo más preciado: su propia vida; de pensar erróneamente que los corazones y la sangre de las víctimas mantenían la supervivencia de todo lo que existía, por lo tanto del mismo ser humano. En el Acontecimiento Guadalupano se toma lo bueno y positivo que realmente existía en el fondo del alma indígena, se purifica de los terribles errores, así como de la idolatría, y se conduce al ser humano a la plenitud en el único sacrificio de amor verdadero, el de Jesús en la cruz; el Hijo, se sacrifica una vez por todos y así nos redime del mal y la muerte.
  Vemos como el Acontecimiento Guadalupano es una extraordinaria inculturación y proclamación del Evangelio en un momento importante de la historia humana, y en un núcleo de culturas en donde Dios, por medio de la Virgen, cumple, sin humillar a sus enviados, los misioneros; y sin condenar a los indígenas que buscaban ser responsables del equilibrio del universo entero.

   Y si la misión evangelizadora de los primeros frailes parecía destinada al fracaso, después de las apariciones en el Tepeyac cambió radicalmente la situación misionera. En pocos años millones de indígenas pidieron a los misioneros españoles el bautismo cristiano. La Virgen lleva a término en México el acontecimiento más bello de la historia de la Iglesia. 

jueves, 5 de enero de 2017

- Los tarahumaras le rezan a la Virgen

LA TARAHUMARA PIDE LA BENDICIÓN A LA MORENITA DEL TEPEYAC
Desde las lejanas tierras norteñas de Chihuahua la Diócesis de Tarahumara se llenó de gozo al contemplar el dulce rostro de Santa María de Guadalupe, a quien consagró su ser y amor, así como sus trabajos, alegrías, enfermedades y dolores.

Y así le piden: "Morenita de Guadalupe, como no decirte que estamos muy contentos en tu casa. Te hemos venido a visitar desde las lejanas tierras norteñas. Hoy la Diócesis de Tarahumara se siente llena de gozo, porque podemos contemplar tu dulce rostro, porque queremos pedirte que fijes en nosotros tu mirada y te suplicamos nos llenes de tus bendiciones maternales".
  En su homilía el Obispo indicó que la Diócesis de Tarahumara está comprometida con la Misión Permanente, de la cual la Virgen de Guadalupe es el ejemplo a imitar por ser la primera evangelizadora “que fue presurosa a las montañas de Judea, y también al valle del Anáhuac” para compartir la dicha que brota de su corazón de Madre del verdaderísimo Dios por quien se vive.
Afirmó que un agente evangelizador de la Misión permanente debe ser como María: disponible y pronto para servir, y entregarlo todo, en orden a que Jesús nazca en el corazón de todos los hijos de esta tierra. Explicó que la clave para encontrar la verdadera felicidad radica en creer y depositar totalmente la fe en el Señor, como lo hace María.
  La gran señal, la única señal que le ofrecen los designios misericordiosos de Dios, será la Palabra que se hace carne, Jesús que nació en Belén es el Emmanuel de los pobres, de los oprimidos, el que nace bajo la ley para rescatarnos de todo yugo, el verdadero libertador que nos comparte su inigualable dignidad al hacernos hijos de Dios, su Padre.
  En este marco de salvación, encontramos el mensaje del Tepeyac: la Señora del Cielo descubre a San Juan Diego el secreto de gozar de la paz en el corazón, de la confianza y de la alegría. "¿Qué te aflige? –dice la Virgen- ¿No estás bajo mi protección? ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿Qué has de menester? –le dice a Juan Diego-. La cercanía y la delicadeza de la Madre de Dios, abren el camino al Evangelio que predican los misioneros a todos los hijos de esta tierra.
La conversión masiva de los naturales, más que resultado de una estrategia humana, viene a realizarse por la manifestación prodigiosa de la Virgencita de Guadalupe. Así como al entrar Ella en la casa de su prima Isabel, su saludo hizo saltar de gozo a la criatura en el seno de su madre, aquí es todo un pueblo el que experimenta de modo semejante el gozo del encuentro con Cristo.
 Como una inquietud muy importante, en el camino evangelizador de nuestra Diócesis de Tarahumara, te comunicamos Virgencita Santa, que nos des tu bendición, porque ya contamos con un nuevo Plan de Pastoral Diocesano, tenemos la convicción de que nuestra vida pastoral debe ser de procesos y no meramente de sucesos, tratamos de sacudirnos la tentación de vivir una pastoral de conservación y sacramentalista, hoy te decimos que queremos seguir optando por una pastoral misionera, que nazca de una auténtica conversión personal y también conversión pastoral y comunitaria, que esté dinamizada por la nueva evangelización, para que nos lleve a vivir el encuentro con Jesucristo vivo.
Anida en nosotros el deseo vehemente madrecita querida de que el Evangelio logre inspirar la vida de nuestro pueblo, para que transforme los criterios de todos y de esta manera las relaciones interpersonales, y el entero entramado social, entren como motor los planes del Señor.
 Tenemos que mirar al acontecimiento guadalupano que ha sido esa inculturación, esa encarnación del Evangelio; no sólo la figura exterior, el color de la piel o las facciones del rostro, sino la profunda transformación que ha dignificado a los habitantes de estas tierras, que nos ha dado la identidad de hijos y nos ha constituido en alguien merecedor de confianza.
 Sin duda sabemos que la justicia y la paz son también una tarea en la que hemos de comprometernos con perseverancia y sabiduría, con paciencia y fortaleza, pues sólo así podremos cumplir con el encargo que nos dejó Santa María de Guadalupe de construirle una Casa, en cada uno de nosotros, de nuestras personas, de nuestros pueblos y comunidades, de nuestra Diócesis de Tarahumara, de construirle una casa, de ofrecerle un Hogar, donde Ella nos muestre su misericordia y compasión.
 Madre de misericordia, la Iglesia que peregrina en nuestra Diócesis de Tarahumara, recurre a Ti para consagrarte en este día todo nuestro ser y todo nuestro amor. Te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos, nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores. Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos. Y todo lo que tenemos y somos, lo ponemos bajo tu cuidado, Señora y Madre nuestra de Guadalupe.
Queremos ser totalmente tuyos y recorrer Contigo el camino de una plena fidelidad a Jesucristo en su Iglesia, no nos sueltes de tu mano amorosa, llénanos de tus bendiciones y recíbenos en tu corazón de Madre, Virgen Santa de Guadalupe.

En el ofertorio se hizo el rito de ‘wiroma’, que es un acto donde se purifican los cuatro puntos cardinales comenzando por el oriente, con la esperanza del amanecer; el poniente que es muerte, con la esperanza de la resurrección; el norte que es frío, con la esperanza de la muerte de plagas que afectan a las plantas, a los animales y a los humanos; y el sur que es la vida, con la esperanza de que haya lluvias favorables a las cosechas.